martes, 31 de agosto de 2010

2.Capitulo

Pasaron las semanas y Guille y su hermano mellizo Marcos se integraron bien al colegio. Todo el mundo querían ser sus amigos y mis amigas querían conocerles más. Yo era la única que no mostraba ese interés por ser su amiga, para mí solo eran dos clones más. ¿Por qué les hacían tanto caso? No lo llegaba a comprender, hasta el día que me tropecé con el por los pasillos. Yo que habitualmente soy muy torpe, tenía una torre de libros que llevaba hacia mi taquilla, cuando alguien que pasaba por mi lado me tocó el brazo y toda esa torre de libros cayeron al suelo.

- Mierda – dije mientras maldecía a quien me había hecho tropezar.
- Lo siento – me dijo una voz de chico. Levanté la cabeza y vi aquellos ojos verdes que había visto en una foto vieja hacia unos meses.
- No pasa nada.
- No espera que te ayudo a llevarlo. – me dice impidiendo mi huida hacia mi taquilla. – Oye tu me suenas.
- Soy tu vecina de enfrente. Me llamo Madi. ¿y tú eres Guillermo? – le pregunte haciendo como si no le diferenciara de su mellizo.
- Encantado Madi, si yo soy Guillermo pero llame Guille. Entonces tú debes de ser esa chica que dice mi madre que jugaba de pequeños.
- Sí, mi madre también me ha contado la misma historia. – le sonreí. Era un chico realmente guapo y sus ojos eran hechizantes.
- Solo queda una hora para irse a casa si quieres en vez de coger el autobús te llevo yo en moto a casa y así nos conocemos mejor – me dijo mientras me giño un ojo.
- Claro, por supuesto. – le dije mientras me sonrojaba.
La última clase fue la más larga del día. Tenía ganas de conocer mejor a Guille. No sabía el por qué pero esa mirada me hacía ver que no era un clon mas, era diferente.
Cuando sonó el timbre salí corriendo de la clase hacia mi taquilla, cogí los libros necesarios para estudiar esa tarde y después me encaminé hacia la salida. Allí estaba el apoyado en su moto esperándome con una hermosa sonrisa. Entonces una chica se paro hablar con él, era la hermana mayor de Saray, Sonia. Saray, era la más pequeña de nuestro grupo, con 16 años. Su hermana mayor, Sonia, tenía un año más que nosotras 18, lo mismos años que Guille.

Seguí mi camino hacia Guille, cuando me vio más cerca su sonrisa era un mayor. Sonia miro para atrás para ver quien hacia captado la atención de Guille. Cuando me vio su cara se puso roja por la ira. Estaba celosa sin duda.

- Hola Guille. Hola Sonia.
- Hola Madi. – me contesto enseguida.
- Hola Madeline – dijo de mala gana Sonia.
- Bueno Sonia nosotros nos vamos que empiezo a tener hambre. – dijo mientras se subía a su moto. – Venga Madi sube.
- Bueno chicos adiós. – dijo muy malhumorada. Le fastidiaba que yo iría con Guille en moto hacia casa.
Cuando llegamos a casa me baje de la moto, le di las gracias por haberme traído y cuando me dirigía a mi casa me agarro del brazo para retenerme un rato.
- Espera todavía no te vayas. – me dijo mientras me tenia agarrada. – Digo así hablamos un poco más.
- Vale, no tengo prisa, en mi casa todavía no habrá nadie. Siempre como sola. – le dije mientras me soltaba. – Si quieres puedes comer conmigo, no me importaría tener compañía por una vez.
- Claro. Ahora voy le voy avisar a mi madre.
Al de poco tiempo sonó el timbre de la puerta, era el que traía en las manos medio bizcocho.
- Mi madre me ha obligado a traerte esto por haberme invitado a comer – dijo. Le sonri y le pedí que entrara.

La comida fue entretenida pero Guille era un niño mal criado por lo que puede observar. Era majo y sin duda un buen chico, demasiado diría yo. Me había equivocado con el si era un clon. Hablamos de un poco de todo. Adoraba a Marcos, su mellizo, con cual mantenía una buena amistad. Ya me gustaría a mí llevarme así de bien con mi hermana, tan solo 2 años mayor a mí. Mi madre la tuvo con tan solo 17 años y a mí con 19. Guille me conto muchas cosas de su familia y el porqué tantas mudanzas. Le enseñe la foto de cuando éramos pequeños y la jura recordar aquel momento pero alego que yo había cambiado mucho durante aquellos 14 años sin vernos. Reí muchísimo con él en aquella comida. Pero ni para Guille serian fáciles las cosas en aquel entonces ni tampoco para mí.

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