Calentaba el sol en un pequeñito pueblo a las costas del mediterráneo. Todo era perfecto, mi vida era perfecta, hasta el día que me enamore de él. Yo tan solo tenía 3 años la primera vez que le vi, en ese instante no veía en él más que un niño pequeño con el que jugar, pero 14 años más tarde él sería una de las cosas más importantes de mi vida.
Cuando éramos pequeños solíamos jugar juntos o eso me conto mi madre cuando él se mudo de nuevo a la casa de enfrente. Guille era un chico de 18 años, alto, moreno, con unos ojos verdes tan profundos como un bosque, tenía el pelo corto con una pequeña cresta azul. Era pijo, sin duda alguna y a una chica como yo jamás le habría atraído aquel niño rico. A decir verdad, en esa época ninguno de los chicos del barrio, ni del instituto, me llamaban la atención, todos eran niños ricos pijos y a mí me encantaban los rebeldes, los chicos malos. Pero nada es lo que parece y Guille en apariencia era igual que los demás pero en su interior no tenía ni comparación con ninguno de aquellos niños ricos que vivan en el barrio, él era todavía más rebelde y peligroso que los chicos aquellos con los que mis padres me prohibían salir.
Me llamo Madi, tengo 21 años, el año que cumplí mis 18 jamás lo olvidare, ¿la razón? Guille.
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